Gabinete de cultura – Instituciones

Hace poco participé en la mesa de trabajo sobre Instituciones que Diego Garulo coordinó en el Gabinete de Cultura. En la mesa participaban personas de posiciones, especialidades y enfoques muy diversos, teniendo incluso la oportunidad de contar por unas horas con Santiago Eraso para compartir sus aprendizajes tras la experiencia en Madrid Destino. En las siguientes líneas resumo los contenidos de las jornadas y añado algunos apuntes personales.

Diego reservó la primera jornada para un diálogo sobre las instituciones culturales que se enfocó especialmente en el sector público. El grupo de trabajo desgranó diversos aspectos de estas instituciones entendiéndolas no sólo como organismos sujetos a un marco legal y administrativo sino también como grupos de personas con una trayectoria previa vinculante -individual y colectiva.

El grueso del debate se centró en los objetivos públicos de las instituciones. En la conversación salieron dos claves que parecieron alcanzar unanimidad:

  • Los objetivos públicos no deben orientarse a financiar proyectos que funcionarían perfectamente desde la iniciativa privada. El departamento de cultura no debe financiar o apoyar económicamente a iniciativas privadas que manejan la cultura como recurso, para eso están los departamentos de industria, desarrollo económico o de comercio, etc.
  • La transparencia no debería hablar sólo de presupuestos y decisiones que se toman sino también de comunicar los criterios bajo los que se toman las decisiones.

Más adelante, mientras reflexionábamos sobre las posibilidades que la participación y la co-producción de cultura y políticas con la ciudadanía abren en la gestión cultural, aparecieron unas cuestiones de gran interés y posibilidades para continuar el debate: ¿tiene sentido mantener la figura del/la programador/a? ¿Podrían cederse los contenidos a través de convocatorias a personas/proyectos con ideas estupendas y sólo sería necesaria su gestión?

Estas preguntas me hacen pensar en la continua controversia sobre la participación y la profesionalización -habitualmente planteadas como escenarios enfrentados. Los discursos sobre modelos de gobernanza o calidad de contenidos en los que se establece que algo es bueno porque lo hace un/a profesional siempre me chirrían. En primer lugar porque, ¿qué es un/a profesional? ¿alguien con un título? ¿alguien que lleva trabajando mucho tiempo? ¿Quiénes intentan acaparar el mando o el prestigio bajo esa denominación? Me parece justo defender que la etiqueta de profesional o experto no es algo que se deba reclamar, por mucha formación o experiencia que se tenga, sino algo que los demás te reconocen al poner en práctica tu buen hacer.

Continuando con esta línea, me parece también adecuado exigir -y autoexigirme- que lxs trajadorxs de la cultura respondan a las demandas de la ciudadanía, que sean honestxs con su contexto, especialmente cuando hablamos del sector público. Iniciativas como Madrid Escucha dejan muy claro la demanda ciudadana de unas instituciones más porosas, de espacios de encuentro y de colaboración, y de instituciones públicas comprometidas con mantener a largo plazo las estructuras y programas que responden a estas metodologías. Las convocatorias y los procesos participativos parecen, así, vías en las que seguir experimentando y trabajando -y esto supone continuos esfuerzos y revisiones sobre cómo se están haciendo las cosas.

También pienso en otro aspecto [este tema da para mucho y sólo voy a bocetar unas ideas]: «Si programara sólo lo que el barrio pide, en la Térmica no se haría más que flamenco» -decía hace poco Martín Moniche. La abuela de una amiga también se queja: «cuando la gente de mi edad ya no estemos aquí, la zarzuela va a desaparecer». La afirmación de Moniche me hace pensar, por ejemplo, en los objetivos del centro: ¿es un equipamiento metropolitano o de distrito? ¿Se espera que de respuesta y actividad a la diversidad ciudadana de toda la ciudad o sólo a la del barrio? ¿Y si el barrio en unanimidad quiere flamenco? [¡Discutamos sobre esto!]

Por otro lado, el tema de la zarzuela me hace pensar en la conservación, actividad que encontré olvidada durante las jornadas del gabinete. Es cierto que existen disciplinas y periodos de las manifestaciones artísticas que no tienen apenas presencia en el imaginario social. Sin desprestigiar a los grupos ciudadanos que se unen para reactivar y conservar muchas de estas manifestaciones, creo importante reconocer la gran inversión que se necesita para conservar, restaurar y hacer accesible una memoria histórica fundamental para nuestra cultura. Comprendo, además, la profunda especialización que en muchos casos hace falta para conocer los métodos adecuados de mantenimiento para estas obras o proyectos. ¿Qué papel tiene entonces la participación en un museo de artesanía del paleolítico, por ejemplo? ¿Existen dos escenarios claros y distintos de gestión cultural? [¡Discutamos también!]

Para la tarde, Diego Garulo preparó una interesante dinámica: después de imaginar que todos los puestos con personas a cargo en una concejalía de cultura quedan libres, tuvimos que reestructurar los cargos e inventar nuevas categorías profesionales que respondieran a las demandas actuales.

Durante la segunda jornada del gabinete Diego preparó otra dinámica de piezas de construcción para seguir conversando sobre propuestas para una institución utópica -con nuestrxs nuevxs profesionales incluidxs. Debíamos tomar decisiones sobre la presencia y relación de nuestro equipamiento con el sector público, el privado, con el procomún y con las personas afectadas por la infraestructura.

La actividad derivó también en reflexiones sobre la autogestión. Para Garulo, la autogestión no existe: siempre que exista una titularidad, sea para permitir o para denunciar, hay una tensión con la que hay que negociar [CHAN]. Otra idea interesante surgió con la visita programada a la Ingobernable. En la entrada había un cartel que explicaba qué hacer si viene la policía. En la mesa se proponía: ¿sería interesante una guía sobre Qué hacer si hay problemas en centros de cogestión o cedidos? Esto tiene mucho que ver con prevención de riesgos laborales.