El acceso a la información como herramienta de horizontalidad en el inicio de proyectos

Cuando pienso en los conflictos en grupos de trabajo, colectivos, asociaciones, espacios autogestionados, etc; suelo acabar considerando cómo la mayoría se originan por problemas de comunicación. En muchos casos, el problema no está en la incomunicación sino en el mal uso de los canales acordados -o en el uso de otros diferentes. En demasiados casos, ni siquiera se han acordado canales. Hace unos meses empecé a formar parte de una asociación que se encuentra en fase de definición y que tiene intención de funcionar democrática y horizontalmente. El momento parece clave para establecer algunas ideas o valores sobre los que construir el modelo de gobernanza y de relacionarnos.

Pienso que una definición insuficiente de la filosofía o metodología de trabajo / relación de un grupo va generando actitudes y maneras más o menos jerárquicas, más o menos democráticas. Habitualmente -y sobre todo entre jóvenes que empiezan a fundar proyectos-, estamos acostumbradxs a trabajar individualmente y de manera jerárquica, por lo que terminamos trabajando de esta forma cuando no se hace una reflexión y toma de decisiones al respecto.

Me preocupa especialmente cómo la información puede segregar y establecer roles y rangos de manera oculta e incosciente. Pienso que la accesibilidad a la información es una de las claves necesarias para la democracia y la horizontalidad. Si la fecha y lugar de las reuniones se deciden fuera de los foros comunes, por ejemplo, todas las personas participantes no habrán podido solicitar un espacio/tiempo de su disponibilidad. Si, además, las actas de esas reuniones no se publican para todo el grupo, las personas que no han podido asistir no pueden ser partícipes de las decisiones tomadas -ni si quiera conocen qué decisiones se han tomado.

Es frecuente que la toma de decisiones sobre aspectos tan fundamentales como las reuniones se terminen ejecutando desde un pequeño grupo motor debido al constante jaleo que se produce cuando mucha gente opina para seleccionar un día y hora. Mi propuesta es: en la orden del próximo encuentro, establezcamos un protocolo de selección de días de reunión. Volvemos a la accesibilidad: ¿quién decide el orden del día de las reuniones? Es importante la existencia de herramientas que hagan democráticos estos encuentros.

Pienso, además, que no tomar este tipo de decisiones o mantener una metodología poco democrática lleva, además de a las jerarquías -obviamente-, a problemas de comunicación, a desinterés y a desvinculación. Si hay un núcleo pequeño de personas que acaparan la información y la toma de decisiones, éstxs terminan acaparando la actividad. El resto de miembrxs terminan viviendo la colectividad más como un ‘vamos a echarles una mano a estxs’ o ‘vamos a que estxs nos den algo que hacer’ que como un proyecto propio. Esto provoca que, con el tiempo, encuentres otras cosas de más interés a las que dedicarle atención.

Para resumir estos apuntes, enumero las claves que, desde mi punto de vista, pueden favorecer las buenas prácticas de un grupo que empieza a funcionar:

  • Decidir el sistema mediante el que se aprobarán las decisiones
  • Seleccionar los canales oficiales de comunicación -y utilizarlos!
  • Establecer un protocolo de calendario de reuniones -sobre todo para grupos grandes
  • Seleccionar una herramienta abierta para las órdenes del día
  • Redactar un acta para cada reunión y dejarla a disposición de todo el grupo
  • Compartir las buenas intenciones y entusiasmo por empezar proyectos de todo el grupo [hay que meter amor!]