REFEST Images & Words on Refugee Routes

REFEST es un programa de residencias colaborativas itinerantes impulsado por Fundación Montemadrid desde España, la asociación Organ Vida desde Croacia, el Pasaggi Festival desde Italia y la asociación Urban de Bosnia Herzegovina. Mi participación, como artista seleccionada, ha consistido en una estancia inicial en Sarajevo donde creamos los grupos de trabajo e ideamos los proyectos, y una segunda fase en Madrid, donde mi grupo desarrolló un workshop con personas inmigrantes participantes en programas de asistencia de CEAR o de las actividades de Casa San Cristóbal -donde tuvieron lugar los talleres. A través de actividades de escritura, fotografía y collage desarrollamos una fase introductoria a lo que después de nuestra residencia se convertirá en un proyecto a largo plazo de comisariado y elaboración de fanzines con el grupo coordinador del Festivalito de Autoedición en Villaverde. Por nuestra parte, el grupo de creadorxs -que nombraré al final- desarrollaremos un trabajo que será expuesto en las diferentes organizaciones que arman REFEST: una baraja de cartas con las que jugar a construir identidades y contarlas desde diferentes perspectivas.

Personalmente, puedo valorar de manera general mi participación en REFEST como una experiencia de aprendizaje, una oportunidad para profundizar en cuestiones complejas -pluralidad, colaboración, empoderamiento-, muy sensibles y en torno a las que es difícil establecer conclusiones después de este proyecto, que ha sido breve pero sobre el que tenemos mucho que continuar construyendo. En concreto, el grupo de artistas del que he formado parte decidió centrarse en un tema arduo e inabarcable: la construcción de la identidad. Hemos puesto nuestra atención, principalmente, en cómo se narra. Cómo nos contamos, cómo nos cuentan y cómo contamos a lxs demás.

Me gusta reflexionar sobre las experiencias no como hechos aislados sino como procesos integrados en un contexto y en una línea de acciones/decisiones. Eso me hace comenzar hablando del origen de REFEST como proyecto dentro del programa Europa Creativa – creado para potenciar proyectos de creación y cultura a través de valores de sostenibilidad, integración y competitividad. El proyecto REFEST nacía, además, con el propósito de aportar una visión sobre la realidad de las personas refugiadas e inmigrantes a través de los trabajos realizados durante las residencias. Como comprobamos en nuestro primer día de trabajo en Sarajevo, el planteamiento era que habláramos de estas personas, de nuevo, sin contar con ellas. El sentimiento general ante esto fue de desacuerdo, y esto me gustó. Otro tema diferente eran las propuestas que se hicieron sobre cómo contar con ellas, pero ese es otro melón que merecería un análisis y desarrollo inabordable para mí y para este texto.

Taller de collage. Foto de Armin Durgut.

Partiendo, así, de una crítica general al planteamiento original, el grupo de artistas destinados a Madrid -en el que me incluyo- decidimos investigar cómo se cuentan las identidades, cuestión tremendamente relevante cuando pensamos en cómo Europa trata a las personas que vienen de fuera pero transversal a la existencia individual y en comunidad de cualquiera. Entonces, nos preguntamos: ¿Qué imagen proyectamos de la inmigración y de las personas refugiadas? ¿Cómo influye la vulnerabilidad, violencia y otros atributos que asignamos a estos colectivos en su propia construcción identitaria durante su movilidad? ¿Qué límites y qué efectos tiene para ellos el uso que hacemos del lenguaje? ¿Cómo podemos acompañar un proceso de empoderamiento ante estas circunstancias? Las respuestas a estas preguntas no han sido encontradas durante la residencia, pero sí hemos experimentado con algunas ideas que han abierto reflexiones muy interesantes al respecto. Hemos contado, gracias al gran trabajo de Casa San Cristóbal, con la perspectiva de algunas personas que representaban a los colectivos de los que REFEST quería hablar. Ellos -hablo en masculino porque el grupo ha estado compuesto íntegramente por hombres- han protagonizado la semana de workshops y han utilizado las herramientas artísticas de las que disponíamos para elaborar sus propios discursos. Toda esta actividad ha abierto nuevas líneas de reflexión y ha expandido otras que ya rondaban en mi cabeza.

Por un lado, esta experiencia me hace pensar en lo inevitablemente jerárquico que son los conceptos de inclusión, integración, etc, a pesar de que a menudo se trabaje en ellos desde la intención de la horizontalidad. Esta es una idea de la que parto a través del pensamiento feminista. Cuando hablamos de exclusión entendemos que alguien no se considera lo suficientemente bueno para integrarse en el grupo. Inclusión, por su parte, hace alusión a que alguien sí se considera lo suficientemente bueno como para formar parte del grupo. ¿Qué es ser lo suficientemente bueno sino una valoración que el propio grupo -con poder para decidir quién entra y quién no- decide? El criterio del grupo queda entonces por encima de los sujetos a incluir que, además, en muchos casos son, incluso, más numerosos que el propio grupo. Me parece interesante abrir una reflexión -abrirla yo, porque seguramente muchas personas ya estén trabajando en ello- sobre qué concepto para trabajar la pluralidad desde un posicionamiento más respetuoso sería interesante empezar a poner en marcha, y se me ocurre que una de las medidas fundamentales desde las que empezar es la de hacer partícipes de la toma de decisiones -desde el origen de los proyectos- a las personas sobre las que se supone que vamos a trabajar. Es un paso para empezar a evitar los paternalismos de los que intentamos huir continuamente: no trabajar sobre alguien sino con alguien.

Collage de Said Mahfud.

Otra de las temáticas sobre las que he estado reflexionando esta semana ha sido la de las metodologías. ¿Cuál es la mejor manera de ser honestxs desde el principio con la totalidad del proyecto sin abrumar a las personas que esperamos que quieran participar con nosotrxs? ¿Es interesante partir de herramientas y tareas sencillas para favorecer el aspecto relacional de la actividad? ¿Es interesante centrarse en actividades más complejas para que se valoren los contenidos? Si los contenidos no suponen un aprendizaje significativo, me parece lógico que quienes participen sientan que pierden el tiempo y que posteriormente estén menos dispuestxs a participar en actividades de planteamientos similares. ¿Somos, así, responsables de desarrollar un trabajo de calidad que favorezca la buena disposición futura hacia actividades parecidas? Volviendo a los contenidos, ¿un taller, por muy colaborativamente que construya el conocimiento, no es inevitablemente, de nuevo, jerárquico, siempre que haya unas personas que guían al resto y que son reconocidas como las profesionales? Cuando difundimos en medios información sobre estas actividades, ¿por qué nos centramos más en quién está haciendo algo en vez de en qué aporta eso que se está haciendo? ¿Por qué se ha estado repitiendo tantas veces la descripción de San Cristóbal como ‘el barrio más pobre de Madrid’? ¿Acaso no existen otras maneras de identificarlo que tengan menos problemas de estigmatización? Podría seguir preguntándome cosas en cadena, pero mi verdadera intención es, en definitiva, resaltar la importancia que durante estos días ha tenido para mí el análisis del lenguaje: qué decimos y cómo lo hacemos.

Son cuestiones muy densas y mis palabras apenas emprenden un primer acercamiento. Siendo ésta una revisión crítica, me gustaría añadir que mi valoración de la experiencia es muy positiva: tanto por la actitud y buenas prácticas que he encontrado en las personas que coordinan el proyecto desde Casa San Cristóbal como por el intenso trabajo desarrollado con mis compañerxs de grupo y la convivencia tan bonita que hemos desarrollado todas las personas del workshop. Hemos trabajado en torno a conflictos que nos afectan profundamente. Eso hace que no salga con la actitud de estar volviendo de una fiesta, sino de remangarme al entender la importante labor que nos queda por desarrollar.

Barrio de San Cristóbal. Foto de Katarina Zlatec.

El equipo de REFEST Madrid lo hemos conformado:

Armin Durgut, fotógrafo de Sarajevo, Bosnia Herzegovina

Katarina Zlatec, fotógrafa de Zagreb, Croacia

Alma Mujanović, fotógrafa de Sarajevo, Bosnia Herzegovina

Alessandra Racca, poeta de Turín, Italia

Enmanuel di Tomasso, poeta de Perugia, Italia

Montse Piñeiro, ilustradora y escenógrafa de Vigo, España

– Yo 🙂

 

[Próximamente hablaré sobre la baraja de cartas desarrollada]