Tecnologías del silencio en el contracongreso Ontologías feministas

Este abril las poderosas Laura Tabarés, Elena Castro Córdoba, Blanca Martínez Gómez y Sara @siebaruaq organizaron el I Congreso de Ontologías Feministas: Divina y precaria juventud en la Neomudéjar «como respuesta a varios conflictos, pero ante todo surge como una (re)organización de la rabia feminista que genera la producción artístico y teórica dentro de las instituciones». Me invitaron a participar en la mesa de Feminismo y tecnología y yo encantada de participar. Así, sí!

En esa época me encontraba bastante devastada por las experiencias del último año. Mi cabeza era un torbellino de ideas, recuerdos, conexiones y dolor, y me costaba pensar en preparar una ponencia en la que aportar algo que realmente me apeteciera contar en ese contexto. Procrastiné hasta la última noche antes de coger el avión a Madrid, y entonces lo único que fui capaz de escribir fueron varias páginas en mi diario con todo lo que sentía.

Entonces pensé en eso que venía trabajando sobre la vulnerabilidad, sobre cómo no entenderla como una debilidad sino como algo con potencia subversiva -algo que tenía desde hacía tiempo bloqueado porque llevaba muchos meses en guardia, «como un soldado», en un fuerte de análisis y autodefensa que no paraba de recibir ataques y debía ser defendido 24/7. Pensé en recuperar la obscenidad de la vulnerabilidad leyendo mi diario.

Llegué muy nerviosa. Mientras leía miraba las caras de compañeras con las que había compartido mucho y temblaba de una manera que no había notado nunca. Al terminar sólo quería pasar el micro y desaparecer, en paz conmigo misma pero muy cansada. Aquí se puede escuchar una versión del texto que leí:

Sin embargo, seguí escuchando a lxs otrxs invitadas. Empecé a poderme concentrar en sus palabras, empezaron a hacerme reir, empezaron a darme fuerza. Algunas me abrazaron, muchas me contaron historias propias relacionadas con las mismas personas que intuían o las mismas prácticas que mencionaba. Habían venido amigxs y nos tomamos unas cervezas contándonos cómo estábamos. Empecé a sentirme muy tranquila, como si hubiera soltado una gran carga que llevaba mucho tiempo arrastrando. Al día siguiente volví al congreso entusiasmada. Escuché las ponencias hasta que terminaron y me despedí de todo el mundo feliz y diciendo que me iba a celebrar mi cumpleaños.

Entonces llegué a casa a esperar a Ali, y mientras llegaba volvió a invadirme la tristeza y me metí debajo de una manta. Me pasé así un par de semanas y después empecé a aburrirme del hundimiento, y además mis amigxs son demasiado geniales como para no recordarme cuántas cosas podemos hacer que sí nos llenan de ilusión y de amor [momento new age? No, momento Vivir una vida feminista].

Sigo con el tema de la vulnerabilidad. Quizás lo vincule de nuevo a la idea de las tecnologías del silencio y de la palabra, quizás lo desarrolle por otras vías. Y, si hay suerte, seguirá un ritmo poco productivo y muy vinculado a mi cuerpo y mis emociones.