Pan duro en Córdoba

Pan duro recupera alimentos y les da un uso nuevo, comunitario y festivo. Mediante activaciones en diferentes espacios y mediante diferentes prácticas, Pan duro explora sistemas de transmisión de conocimientos, límites culturales, maneras de alimentarnos y cuidarnos a través de proponer usos sostenibles del pan.

En Córdoba, Pan duro se unió a Javi Orcaray y Gaby Mangeri de Jugo/La Fragua y planteó preparar la comida de un domingo lentamente, tomando contacto con los orígenes de los ingredientes desde una actitud de aprendizaje, juego, de crecer, de generar vínculos a través del hablar. A través de 3 jornadas de preparación, nos encontramos con diversas personas y proyectos que están trabajando o viviendo en relación a nuestra propuesta, compartiendo desde la conversación espontánea lo que hacemos, desde dónde lo pensamos, descubriendo cómo nos encontramos vinculadas.

Durante las jornadas allí queríamos prestar atención a los medios de producción y distribución alimentarios, a la relación con la tierra, al trabajar con las manos, a los modelos de eco-soberanía alimentaria y eco-feminismos rurales, al resistir desde el cuidar, a las culturas vivas, a la memoria de nuestras abuelas. Por eso, organizamos tres visitas a los proyectos que están desarrollando algunxs de nuestrxs amigxs allí: ComoCabras, la bodega Marenas y CulturHaza.

En ComoCabras, Sonia, Arco, el rebaño y muchas vidas más nos contaron que allí, producir fermentos lácticos autóctonos se hace viendo cómo las chivillas maman hasta después del año de vida, cómo el queso sabe a bellota o flores según la temporada porque las cabras sólo pastan. La tarde que compartimos caía suave en nuestros hombros y terminamos intercambiando microorganismos viajeros para cuidar.

En la bodega Marenas, Jose Miguel nos paseó por sus viñas mientras nos explicaba la evolución del campo cordobés, del cuidado, su conservación de las técnicas tradicionales, las particularidades de las cepas que crecen en esas condiciones, la influencia del clima, los minerales, el viento, la luna. Probamos los vinos naturales que estaba produciendo para este año y visitamos la bodega donde trabaja sus uvas.

Con Agripino de CulturHaza tuvimos una jornada de recogida de patatas seguida de un recorrido por todos los cultivos que recupera y conserva en su cortijo. No se puede codificar la fuerza y sabiduría -no sólo humana- de ese lugar… quizá sembrando.

Durante estas jornadas de visita y aprendizaje registramos en audio nuestras conversaciones y grabamos en vídeo gran parte de la actividad. Con ellas prepararemos un archivo del que hablaré más adelante.

Por la tarde visitamos el Centro Cívico donde mi abuela Rafi va a bailar todos los sábados con sus amigas. Bailamos, bebimos, comimos patatas fritas y escuchamos las historias de Rafi sobre los peroles, las mujeres que ciudaban, la cocina, las recetas, la vida en el campo, la migración a la ciudad, la rebeldía con la que se ha encontrado en la viudedad.

El domingo invitamos a todxs lxs visitadxs y a demás personas con ganas a preparar y comer juntxs en la Plaza de San Andrés. La propuesta era conectar a través de cocinar: crear un espacio común donde compartir saberes y sabores, emociones, afectos y alimentos. Hablar de pan, de su recuperación, del cultivo y cuidado de la tierra, de la preparación de ingredientes en relación al territorio, de comida compartida en el espacio público, de memoria, de la transmisión de aprendizajes de manera no dirigida, espontánea, a través de una fiesta.

El día fue una maravilla. Se sucedieron presentaciones espontáneas de proyectos vinculados a lo que estaba pasando, cantos, lecturas de poemas y citas de ensayos, historias, besos, abrazos. Nos llevamos saberes muy valiosos y cariño de muchas personas. Y mi madre-hermana Clara se unió a Pan duro 🙂